Crítica de The Boys 3×08: un final explosivo, pero ¿es suficiente?

Finalmente hemos llegado al final de la tercera temporada de Los chicos! La serie de Eric Kripke ha descubierto magistralmente sus cartas, preparando lo mejor para el último episodio. Centrándose con especial atención en el aspecto emocional de los hechos narrados, el último ciclo de episodios no hizo más que potenciar al máximo la idea de vínculo que ha dominado a lo largo de la temporada. Una tendencia directa, clara y lineal de la que el final ciertamente no es una excepción y que nunca ha cedido ni siquiera ante los desafíos más difíciles, manteniendo una consistencia y continuidad increíblemente sorprendentes para obras de este tipo.

Sancionando definitivamente su desapego de la serialidad moderna común y de cualquier vara de medir, Los chicos da muestras de una madurez total y explota todas sus virtudes para escenificar una historia llena de matices, perspectivas y referencias. Ya sea para explorar la psique de sus personajes, o mejor aún para adentrarse en los personajes que los rodean, pocos productos han alcanzado tales estándares con tanta efectividad. Mientras se alternan algunas situaciones de mucho menor nivel que otras, el último episodio logra mantenerte alerta de principio a fin esperando un choque que debería llegar en toda su disrupción, solo para volverse unánime y (quizás) menos impactante de lo esperado. Profundicemos en el asunto.

Más orden que caos

Los chicos demuestra de una vez por todas que ha alcanzado un nivel de madurez nada menos que sensacional, completando un camino de desarrollo que en tres temporadas ha sabido mostrar más facetas con carácter y coraje. Tras haber explorado el mundo y sus situaciones, la tercera temporada ha centrado su atención en sus personajes y en el contraste entre bandos opuestos, pero nunca tan próximos en su disfuncionalidad.

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Desde el primer episodio de este tercer ciclo, todo parecía girar en torno a las figuras icónicas de Butcher y Patriot, opuestos pero ambos víctimas de sí mismos. Sin embargo, el enfrentamiento que todos esperaban fue más útil como pretexto para revelar detalles particulares de la trama. Lo que se suponía que iba a ser un enfrentamiento épico resultó ser más una guerra fría que comenzó a calentarse. Peor aún, analizando esta temporada, Homelander definitivamente ganó y Butcher perdió – demostrando que medidas demasiado extremas, quizás, no dan resultados plenamente satisfactorios. El foco se ha desplazado así a una situación coral, sobre todo con la presencia de Maeve para representar un topo bastante evidente de estos episodios. Al pasar de ser una heroína incoherente a ser la final, tal vez para ser eliminada permanentemente del juego ya que su personaje no logró ganar un arco reciente digno de mención, la sensación es que la atención se ha desplazado hacia una redención impredecible para no tener que dedicarse al 100%. en otra parte. En esto también cabe destacar las tristes expectativas sobre el personaje de Black Noir, del que definitivamente se esperaba algo más.

Especialmente para aquellos que conocen los cómics, las expectativas sobre el personaje ciertamente habrían sido de un aliento muy diferente. El destino reservado a Noir, quizás gracias a la necesidad de barajar las cartas, también afecta a los personajes de Abyss y A-Train de formas ligeramente diferentes: los intentos de otorgar arcos profundos a estos personajes son inútiles, ya están condenados en la sombra. de ellos mismos Neto de estas gestiones poco apreciables, hay que decir que también ellas se inscriben en una cuidada perspectiva de elecciones narrativas que con toda seguridad conducirán a un desarrollo mucho más digno en el tiempo.

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Al construir paso a paso relaciones muy complejas entre un elenco muy heterogéneo de elementos, Kripke confirma una vez más su tremenda habilidad para hacer que una historia apasionante sea densa y conmovedora. como pocos en el panorama mundial. En conclusión, Los chicos siempre ha tenido el objetivo de desenmascarar hipocresías y hacer sátiras de la forma más dura posible a través de su gran comunicatividad y su propio contexto absurdo. Este año, al mezclar hábilmente sus digresiones en segmentos cada vez más exagerados, el programa trae el caos a la pantalla y trata de darle un orden preciso, entrelazando sus filas sin enredarlas nunca y, quizás, también conteniendo demasiado de sí mismo. .enormes fuerzas.

Al profundizar en sus rostros secundarios, profundamente caracterizados hasta en las situaciones más inverosímiles, se destaca el contraste entre lo que son y lo que les gustaría ser que, si bien no se muestra en pantalla en su totalidad, sienta las bases para desarrollos y crecimientos finalmente satisfactorios. Las lógicas de contraste entre poderes y personajes son sin duda el emblema de la construcción de Kripke y asociados, quienes lograron superarse cumpliendo sus promesas y empaquetar un producto que siempre es una locura, pero también más impresionante que antes. En este caso específico, queda un poco de amargura en el final para un potencial solo parcialmente explotado por los showrunners.

Hacia nuevas alturas

La gran arma de Los chicos reside siempre en la variedad y densidad de sus desarrollos, que entre la introspección de los personajes y la crítica social analiza con gran perspicacia y originalidad un contexto, un mundo, tan profundo y multifacético que no es tan distinto del real. Lo que realmente roba el show en esta tercera temporada es la atención en el dosis delicadeza y disrupción a partes iguales, acercando dos puntos de vista en perpetuo conflicto para colimar. No hemos obtenido todas las respuestas a nuestras preguntas, ni hemos saciado nuestra sed de batallas, pero la principal pregunta que surge de este último acto es sin duda la siguiente: Los chicos ¿De verdad quieres prescindir de Patriot?

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Haciéndonos perder la noción de un verdadero bien en la obstinada búsqueda de la supremacía -o peor aún, del control absoluto en un entorno impredecible- siempre se ha sabido hasta qué punto la importancia del programa podría terminar vinculándose con sus hombres de cabeza. El peligro, como se ha previsto ampliamente anteriormente, siempre ha estado a la vuelta de la esquina: crear un contraestándar hasta el punto de estandarizarse a sí mismo, reduciendo al máximo las posibilidades de atreverse. Neto de un ligero descontento con un potencial no explotado en su totalidad, la construcción y coherencia narrativa de cada elección y cada desarrollo del final son tan evidentes que cualquier consideración negativa queda eclipsada.

La tercera temporada de Los chicos, y su conclusión en particular, entretiene, entretiene y hace reflexionar de principio a fin, inquietando y sorprendiendo con una profundidad codiciada por muchos en los últimos años. Estaremos atentos a nuevos desarrollos, con la esperanza de que los Boys continúen exagerando y sorprendiendo como solo ellos pueden hacerlo.